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El día más feliz de mi vida

Por: Mateo Correa – @matcovel
         Paula Bernal Cetina – @PauBeernal
37 años tuvieron que pasar para que la séptima estrella se bordara en el escudo cardenal, aquella estrella que marcó un antes y un después en la historia santafereña y que hizo que todas las tristezas se borraran para empezar a escribir una historia que hasta el día de hoy sigue siendo dorada, es quizás el título más importante para la hinchada. Así lo recuerdan dos apasionados seguidores de Independiente Santa Fe.
Soy muy joven, y sí, no he tenido el placer de sufrir al estilo cardenal tanto como lo ha hecho un hincha mayor, a mis 16 años solo he visto perder una final en el 2005 que me atormentó, pero no como seguramente le pasó a muchos otros hinchas que tienen presente la magnitud de no quedar campeones tanto tiempo. A mis 16 años no he tenido placer más grande que venir partido tras partido al estadio, cambiar mi estado de ánimo, olvidar todos los problemas que recorren mi vida y desahogarme en cada canción que expreso a grito herido por Independiente Santa Fe. Hoy no me pasa nada por mi cabeza, hoy tengo los pelos de punta y las ansias de irme ya para el Nemesio, hoy no es un día cualquiera porque estamos a 90 minutos de ganar tan anhelada estrella, hoy quiero llorar de la emoción porque quiero ver a mi equipo campeón.
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Por fin llegó ese anhelado día, aquel que llevo esperando a lo largo de mis 15 años y que con el abrebocas de ese 18 de noviembre de 2009, cuando por primera vez pude gritar ¡somos campeones!, comprendí que si así celebraba una Copa Colombia, con lágrimas en los ojos, no habría nada más feliz y sufrido que ganar la séptima. Imposible lograr dormir. Desde el jueves, cuando pasé de largo haciendo la fila para comprar mi boleta, mis pensamientos no hacen más que dirigirme a soñar con esos gritos eufóricos, esas lágrimas de alegría, los abrazos de gol que llenan el alma y los cánticos que unen a una hinchada bajo una misma voz. Es el día en el que el sueño se lograría después de tanta espera. Bella y sufrida espera.
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Por supuesto que no pude dormir, los nervios no se pueden esconder. Mi ropa la tengo lista días atrás, mi cábala es y será la camiseta más hermosa –a mi concepto– ­ que ha sacado Santa Fe en toda su historia, la del 2010. Mi creencia me acompaña, le he botado muchas oraciones al de arriba para que nada salga mal hoy, estoy seguro que hoy todo puede girar a nuestro favor.
Me aliviaba saber que no era el único así, mi madre y hermano –culpables de tan “dañino” amor por Santa Fe– no podían ocultar su cara de ansiedad y creo que Bogotá había despertado de la misma manera. Llegamos al Nemesio, al recinto del futbol capitalino, al lugar donde miles de almas se iban a postrar como una sola familia para no dejar de alentar al león. La fila es larga, pero no más larga que esperar 37 años sin levantar ese título, hoy no me importa mojarme, hoy no me importa nada más que pararme en la tribuna y esperar los 90 minutos más largos de toda mi vida.
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Ya todo está listo para salir rumbo al Nemesio, mi cábala es mi recién estrenada camiseta de Independiente Santa Fe. Las ansias hicieron que por primera vez estuviese desde las 12 P.M. haciendo fila, la fila más larga que he visto desde que voy al estadio. Mi madre, quien es mi fiel compañera, no podía faltar. Amigos y familiares estamos a la espera de poder entrar y ser testigos del que podría ser el día más feliz de nuestras vidas, el día más esperado en los últimos días por toda la hinchada cardenal, hinchada que no ha parado de cantar aún con esta lluvia previa al partido. Ya esperamos lo mucho y estamos seguros de que hoy será el día de empezar a disfrutar de aquello que llenaría el corazón de todo un estadio y partiría la historia en dos.
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Entramos y me preguntaba dónde estaba tanta gente todos estos años, un estadio que sentía un fervor inmenso de alegría y optimismo, lleno hasta más no poder, la fiesta hoy es cardenal y nadie nos puede amargar esta celebración, hoy no, hoy la sentía más cerca que nunca. Los minutos pasan, el marcador sigue sin abrirse y como dice un relator actual “aumentaba el consumo de uñas en El Campín”, primer tiempo con el portero José Cuadrado de figura, nadie podía estar tranquilo pues estábamos a 45 minutos de conseguir lo que tanto tiempo habíamos esperado.
Minuto 70 hay una falta un poco cercana al círculo central, Omar agarra el balón mientras nuestras torres subían esperando conectar el balón con un cabezazo. 71’ nuestro eterno capitán golpea el balón con una parábola perfecta, todo el estadio en silencio y “un negro hermoso” se levanta para conectar el balón y desembocar 37 años guardados en el pecho de todos los hinchas cardenales, un grito que me suelta las lágrimas de inmediato y más viendo a todo el estadio igual, abrazándose con la persona que tiene al lado no importa si era la primera vez que la veía.
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¡YA VOLVIMO’ A SER CAMPEONES, COMO LA PRIMERA VEZ! Pitazo final. Roldán agarra el balón y Omar Sebastián Pérez se arrodilla con los brazos hacía arriba, la imagen perfecta para el recuerdo de cada hincha cardenal. Fueron más las lágrimas que los cantos de alegría, pero era inevitable no hacerlo, por fin el corazón estaba completo, por fin llegaba una alegría digna para cada santafereño que dio hasta el último aliento sin esperar nada a cambio. La séptima ya es nuestra #León37AñosTeEsperé y si tengo que volverlos a esperar los esperaría, porque no hay nada que separe el amor del hincha hacia su equipo, porque aquí más allá de los títulos se vive la pasión, el amor y la entrega por el escudo y sus colores. Nadie olvidará este día, imposible no sentir escalofríos al ver una y otra vez el gol de Copete, ni mucho menos no llorar con las palabras de ese capitán que trajo de vuelta la gloria a Santa Fe y levantó, el que para mí, nunca dejará de ser el título más importante para esta institución.
Hoy todo vale la pena, porque ya verás que las copas que andas buscando las encontrarás y si la alcanzas bebemos y emborrachamos a Bogotá. El equipo de Wilson, sí, ese que tiene corazón hoy no sólo pasó a las páginas doradas del expreso rojo, sino que le dio la alegría a esa hinchada que tanto lo esperaba y lo necesitaba, esa que en las buenas y en las malas, muy malas, siempre estuvo y que ahora empezará a crecer.
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Cinco años después sigo buscando sinónimos para poder describir todo lo que pasó ese día, todos los sentimientos que pasaron por mi cuerpo, sé que al igual que a mí para muchos es el día más feliz de sus vidas. Soy de los que cree que este deporte te llena el alma y no hay mejor complemento que hacerlo con el sufrimiento y pasión que nos hace sentir Independiente Santa Fe.  Mateo C.
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La séptima es y seguirá siendo el título más llorado y celebrado por mí, ni las demás copas nacionales ni internacionales han podido superar eso que se sintió aquella noche del 15 de junio del 2017. Cinco años después al ver cada uno de los vídeos o imágenes de aquel partido sigo sintiendo lo mismo que viví en El Campín, es aún inevitable no llorar. Independiente Santa Fe es gran parte de mi vida y gracias a este equipo tuve un día inolvidable, el más feliz, ese que sólo los hinchas del fútbol podemos entender. Hoy cinco años después de una hazaña histórica me sigo enamorando más de estos colores y vivo para ver cómo siguen escribiendo esta historia dorada. Paula B.

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