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¡Un nuevo lenguaje en el estadio! No hay límites para la vida

Querido hincha del fútbol, la siguiente historia es un ejemplo de vida que todas las personas deberían conocer. Porque cuando se trata del fútbol no hay discapacidad que no permite disfrutarlo más si cuentas con amigos que te lo hacen posible. Esperamos la lean completa y

La primera vez que César Daza y José Richard Gallego fueron al estadio juntos fue el 9 de julio de 2017, es decir la primera fecha de la Liga Águila de este año; aunque César es hincha de Santa Fe y José Richard es de Millonarios, su primera experiencia juntos en un estadio fue en el Metropolitano de Techo en el partido entre Tigres FC vs Once Caldas y fue allí cuando este par de amigos empezaron a fascinar a todo el mundo con su historia.

César y José Richard se conocieron hace dos años y medio; José tiene un síndrome bastante raro, conocido como el síndrome de Usher, el cual ataca a 3.2 personas entre 100.000 habitantes en Colombia, este le quitó  su sentido de la vista y de la audición. César tiene una fundación llamada Sin Límites S.C, la cual tiene como objetivo principal ayudar a la gente con discapacidad auditiva y visual. Desde que José Richard conoció a César, que como él mismo lo afirma, es sus ojos y oídos, la vida le cambió de manera drástica.

Cuando José Richard nació, su mamá sufrió una fiebre durante el parto, lo que conllevó a que José naciera con una hipoacusia, es decir una disminución en la capacidad auditiva; fue a los 5 años cuando la audición fue disminuyendo de manera drástica, hasta que a los 9 años de edad José Richard, ya no podía oír absolutamente nada. Su condición de sordo no lo detuvo nunca e inició su estudio en un colegio para sordos, donde empezó a aprender el lenguaje de señas, gracias a sus amigos. Sin embargo, a los 15 años José Richard empezó a perder la visión hasta quedarse totalmente ciego; por esta razón le tocó salirse del colegio, ahí empezaron tres años en los cuales nadie le brindaba ningún tipo de ayuda, y donde la depresión lo llevó a pensar en el suicidio. José Richard logró salir de esta crisis y retomó sus estudios en el Colegio Filadelfia, donde logró terminar su bachillerato.

César, por su parte, nació con sus 5 sentidos en perfecto estado, y hasta el día de hoy siguen en esta misma forma. A partir de su participación en una congregación cristiana empezó a ver las necesidades que tiene la gente que, como José Richard, sufren del síndrome de Usher o de alguna discapacidad en sus sentidos. César fundó la Fundación Sin Límites S.C hace cinco años con la idea de ayudar a la comunidad sordo-ciega y al mismo tiempo formar intérpretes, pues según César, en Colombia hay una escasez de intérpretes para esta comunidad.

Desde que era pequeño, César siempre asistía al Estadio Nemesio Camacho “El Campín” a ver a su equipo del alma, a Independiente Santa Fe; un lugar que por su ambiente de fiesta siempre le trajo tranquilidad a su vida. Lamentablemente el 11 de mayo de 2005, en un partido entre Santa Fe y América de Cali que terminó siendo un campo de batalla, César decidió nunca más tocar ese sitio de reunión con los amigos y con su familia. César cumplió con su promesa hasta que conoció a José Richard y le fue inevitable volver al coloso de la 57, donde hoy lleva todas las emociones que le suceden en la cancha, a su amigo.

José Richard viene de una familia donde el azul siempre ha sido el color predominante, al contrario que en la casa de César, los cuales todos eran rojos. Debido a su discapacidad nunca había asistido a un partido de Millonarios en el estadio y se perdió muchos momentos de gloria y de tristeza por no tener a alguien que le interpretara los partidos; esto cambió cuando conoció a César y le pidió que le interpretara un partido de la Selección Colombia en el mundial de Brasil 2014.

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José Richard sale de su casa vestido de azul, lleva puesta su camiseta de Millonarios y la porta con honor. Su mamá lo acompaña hasta el alimentador, y José inicia así su camino hasta el Portal Suba; una vez dentro del portal, ya sabe que debe coger el Transmilenio G30 hasta la estación Shaio; donde se encuentra con César y van juntos hasta la fundación ubicada en el barrio La Castellana, en el norte de Bogotá. José Richard a pesar de no tener su sentido de la vista y de la audición sabe bien en cuál estación debe bajarse, pues este siente cuando las puertas se abren a través de sus plantas de los pies y de su sensibilidad en el resto del cuerpo; de este modo, va contando las paradas y sabe que se tiene que bajar en la quinta parada que hace su bus.

Antes de salir para el partido, almuerzan juntos y empiezan a llamar la atención en cualquier lugar al que van; ambos lucen sus camisetas con orgullo y seguridad. César, lleva puesta su camiseta de Santa Fe; y José Richard, la de Millonarios; sin importar el equipo que juegue ese día en la capital, la idea es llevar un mensaje de paz a los estadios.

Ya en el parqueadero del Estadio “El Campín” empieza la travesía para entrar a buscar los sitios donde se van a acomodar a ver el partido. César siempre va delante de José Richard, el cual le pone la mano en el hombro para saber por dónde ir caminando. En el transcurso del recorrido entre el parqueadero y la entrada del estadio ambos se juegan algunas bromas; los dos van caminando cuando de repente César siente que José Richard se tropieza y se va a caer; este se voltea para cogerlo y no dejarlo caer, sin embargo, cuando se da la vuelta encuentra una sonrisa malévola de José Richard, quien le acaba de hacer una broma para ponerle color al camino. Esto no se queda así, pues llega el turno de la venganza de César, quien hace como si estuviera subiendo un andén y se empina para que José Richard piense que debe subir; el hincha azul empieza a buscar el andén como loco, hasta que se da cuenta que César ha efectuado su venganza a la perfección y le dice, por medio de las señas que ambos conocen, que odia esta broma porque se siente un completo bobo buscando el andén con los pies.

Ambos llegan juntos a la entrada de la tribuna occidental e ingresan al estadio, donde buscan un asiento para César, que quede sobre un pasillo, para que José Richard pueda sentarse en una silla de ruedas frente a él. Ya ubicados en su puesto y sintiendo el ambiente de un domingo de fútbol por la tarde empiezan a vivir ambos la previa del partido mediante el lenguaje de señas, un lenguaje diferente al de los sordos, pues José no puede ver; César le coge una de las manos a su amigo y empieza a hacer las señas normales del lenguaje para sordos; José Richard que tiene desarrollado al 100% su sentido del tacto entiende todo lo que César le transmite.

Es tiempo de una broma nuevamente. El sol les pega a ambos en la cabeza y José Richard decide burlarse de la falta de pelo de César; le dice que tenga cuidado con el sol porque en esa calva se le puede fritar un huevo. César y José se ríen juntos como un par de hermanos inseparables y Césddar le pide, entre risas, que por favor lo respete.

José Richard no solo tiene su sentido del tacto muy desarrollado, también el olfato; la cancha está recién mojada por los aspersores del estadio y el olor a pasto mojado invade la nariz de José Richard; este aroma es bastante fuerte según él, pero sin duda alguna, el olor más fuerte que percibe en el estadio, es el que llega desde las laterales, esa esencia que percibe todo aquel que va al estadio, el olor a marihuana; José Richard asegura que no hay un aroma más fuerte que éste.

César ya tiene todo preparado, tiene la tabla donde con ayuda de sus manos le contará absolutamente todo a su amigo “mi responsabilidad es mostrarle todo lo que pasa dentro de la cancha porque él merece saberlo” y esa es la principal finalidad de la tabla, que José Richard no se pierda absolutamente nada del partido, ni una falta, ni un fuera de lugar y mucho menos un gol.

El partido aún no ha empezado, pero en las tribunas se empieza a sentir que se acerca la hora; los bombos y los cánticos se empiezan a sentir cada vez más duro, la gente empieza a contagiarse y José Richard siente todo lo que sucede; las vibraciones de los bombos y de los cánticos los puede sentir por medio de la tabla y por sus plantas de los pies. Finalmente, los equipos salen a la cancha y el estadio explota, José Richard sabe que ya los equipos están listos para jugar y se prepara, junto con César para que este le interprete el partido.

La tabla está hecha de madera y tiene pintada toda la cancha, las líneas laterales, las áreas, saque de esquina y hasta el punto penal. César pinta todos estos detalles, no por José Richard, sino por él mismo, pues necesita saber dónde está ubicado el balón en la cancha, para transmitirselo de la manera más real al hincha de Millonarios. Este modelo se lo inventó José Richard y se lo enseñó a César en el año 2014, durante un partido de Colombia en el mundial de Brasil 2014, “Yo siempre he dicho que cuando hay una necesidad se debe buscar una solución y debe haber siempre una solución y una respuesta”, para César la tabla fue la solución para que José Richard pudiera disfrutar un partido de fútbol, como lo hace cualquier persona.

Cuando empieza el partido, empieza el show de estos dos amigos; ya tienen todo estudiado para poder disfrutar ambos el partido. César se pone de frente a la cancha para ver el partido, mientras que José Richard se pone de espaldas al terreno de juego para que César pueda moverle las manos a medida que el cotejo va transcurriendo. La mano derecha de José es un equipo y la izquierda es otro, aunque a veces se transforman ambas en el mismo equipo, en especial cuando hay pases; un movimiento en el que ambas manos se juntan, quiere decir que fue un pase del equipo que tenga la pelota.
Para transmitirle la emoción de una llegada al arco o de un gol, César suelta la mano del equipo que está defendiendo y con la mano que le queda libre la pone al final de la tabla formando el arco del equipo que está defendiendo; con la mano del equipo que está atacando va mostrando que va sucediendo; la función de instalar el arco con la mano libre es esencial para que José Richard sepa que el equipo que lleva el balón está en una opción de gol.
El lenguaje que ambos utilizan consta de muchas señas y detalles pequeños que parecen insignificantes; la falta es un jalón de camiseta, para el fuera de lugar César pasa la mano de José Richard por la tabla en un sentido horizontal.
El momento más emocionante para todo fanático del fútbol llega, el gol no se hace esperar. César instala el arco y José Richard inmediatamente sabe que algo puede pasar. De repente el equipo que lleva la pelota patea al arco y la mano de José pasa entre la mano del hincha de Santa Fe que simula el arco; si Santa Fe es el que anota, César celebra a rabiar y a José Richard no le gusta mucho, si es Millonarios el que anota, el hincha azul levanta las manos al cielo como símbolo de alegría por el gol. En este momento empiezan las burlas de nuevo, pues el gol puede ser del rival de alguno de los dos equipos y una seña inconfundible como la de una mano intentando cortar el cuello no se hace esperar, “paila” se dicen cuando el equipo rival de Santa Fe o Millonarios anota un gol.
Durante todo el partido ambos se molestan de una manera bastante divertida; se alegran cuando hace gol el equipo rival, se burlan cuando el equipo del otro pierde, pero todo queda ahí; son bromas de dos amigos que disfrutan el fútbol más que nada en este mundo.
Lamentablemente César y José Richard siempre salen 5 minutos antes de que acabe el partido, pues son conscientes que a la salida del estadio a veces se forman problemas entre las barras de los dos equipos que están jugando. Ambos quieren ver el partido completo alguna vez y por eso llevan este mensaje de paz siempre al estadio, por eso, así no juegue Millonarios o Santa Fe, César va con la camiseta roja y José Richard con la azul.                                                          

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Estos dos amigos incondicionales disfrutan tanto un partido de Millonarios como uno de Santa Fe y quieren seguir llevando el mensaje de paz a todos los estadios; el gran sueño de César es poder interpretarle un clásico regional que no sea el bogotano a José Richard en el estadio donde se juegue, bien sea en el Atanasio un Medellín vs Nacional o en el Pascual Guerrero un América vs Cali. El mensaje poco a poco debe ir calando en la sociedad para que podamos tener de nuevo un fútbol en paz.
Por su parte, el sueño de José Richard, es poder ir a Barranquilla a un partido de la Selección Colombia y poder conocer a sus grandes ídolos, Falcao y James, y que César le interprete el partido de Colombia.
Estos dos amigos quieren seguir llevando su técnica a todos los estadios del país y, por qué no, llegar a ver a un equipo el cual ambos admiran y les gusta, como  el Real Madrid.

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