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COLUMNA| No hay cuña que más apriete que la del mismo palo

Por: Hugo Santiago Caro – @Faisanizate

Jugados los primeros noventa minutos Santa Fe está abajo por una jugada a balón parado. El mismo balón que nos puso en ventaja en Ibagué en las semifinales, que nos dio la séptima y la novena estrella, que inclusive nos dio la victoria en los dos clásicos que se jugaron este semestre para no ir tan lejos.

El preámbulo de este partido venía con una carga tensional que solo tienen los clásicos. La primera final que disputaban los dos equipos de Bogotá,  la rivalidad llevada al extremo de que el ganador se llevaba una estrella y por demás el rifi rafe que siempre existe en partidos como este entre las dos hinchadas.

Millonarios, como era de esperarse, era quién tenía que salir a buscar el partido, a ganarlo. Eran locales, desde la última vez que quedaron campeones nos han visto levantar dos ligas y una sudamericana, además de una libertadores a Nacional. La responsabilidad mayor la tenían ellos y más allá de lo parejo del juego, se vio reflejado en la cancha.

Nuevamente la pelota quieta escribe las páginas del presente de santa fe, esta vez no nos beneficia, pero siempre protagoniza. El poderío ofensivo de Millonarios frente al orden táctico y la defensa de Santa Fe avizoraban un juego cerrado, el que primero marcara tenía grandes chances de quedarse con el partido.  Antes del gol de Millonarios -que de por sí, es válido- Santa Fe perdonó dos ocasiones de gol, también en jugadas de pelota quieta. Un tiro de esquina que cabecea Héctor Urrego y sale desviado; y nuevamente Urrego, que después de una serie de rebotes, desperdició, tal vez, la ocasión más clara de gol que tuvo Santa Fe en el partido.

Claro está, que no se puede crucificar a Héctor Urrego por desperdiciar una ocasión de gol, siendo defensa central su responsabilidad principal no está en marcar el gol sino en evitarlo, al César lo que es del César.

Si de responsabilidades se trata, hay que hablar del discreto partido que jugaron, es comprensible que el golpe anímico de recibir un gol en una final es claro, pero la reacción que uno esperaría es otra, la garra que uno espera, la garra que tiene que tener un futbolista que se ponga la camiseta de Santa Fe, es otra.

Ahora la responsabilidad es mayor, para el equipo, para el hincha. Es en estos momentos que el hincha debe estar desde el hotel hasta el minuto 90, sea cual sea el resultado. Eso lo podemos garantizar nosotros, esperemos que de igual manera los once jugadores que escoja el profesor Gregorio, nos garanticen dejarlo todo.

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