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«HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE»: ABUELITA CARDENAL

Nada acelera más su corazón que ver la red blanca moverse de un lado al otro, en ese momento no existe ningún dolor o achaque, lo único que importa es celebrar el gol con un grito que parece salir de lo más profundo de su ser.

Por: Camila Orjuela@CamilaOrjuelaa

Con un fuerte abrazo para sus nietos y llevando sus brazos hacia arriba con los puños apretados como símbolo de victoria. Su sonrisa en medio de sus labios rojos se hace inminente y brilla más que nunca. Durante 90 minutos sus problemas desaparecen y las emociones dependen de un balón que va de norte a sur.

Se trata de la abuelita cardenal, una mujer orgullosamente bogotana, pero de familia campesina. Nació en 1940, un año antes que el amor de su vida. No fue planeado, simplemente fue por curiosidad. El romance comenzó cuando ella tenía 17 años, en el templo del fútbol de la capital colombiana, el estadio Nemesio Camacho ‘El Campín’. El uniforme de pantaloneta blanca y camiseta roja la sedujeron profundamente. Todo fue perfecto y desde aquel día Armida Rojas vive en un idilio de amor con Independiente Santa Fe.

Su cabello es corto, va hasta el cuello y delicados hilos plateados adornan su cabeza. Su sonrisa es tan pura como la de un bebé cuando ve a su mamá y sus mejillas se alzan con facilidad. Su mirada es profunda y refleja que sigue llena de energía, a pesar de aquellas líneas trazadas que salen desde el contorno de sus ojos café claro -prácticamente son las únicas que tiene-.

80 años llenos de inmensas alegrías han opacado los malos momentos, y posiblemente sean su secreto para mantener su vitalidad, porque ella no aparenta tal edad.

La mayoría de futboleros tienen diferentes cábalas y creencias antes de ver jugar a su equipo, pero este no es el caso de la abuelita cardenal, para ella lo más importante es ir de pies a cabeza portando el escudo de Independiente Santa Fe, lo más curioso es que no le gusta usar la camiseta deportiva del equipo, ella usa sacos de lana. Tenis blancos o rojos, medias blancas con líneas rojas, sudadera de pantalón blanco y chaqueta roja, en su saco usa un prendedor con el escudo y las gorras nunca pueden faltar, así es como la abuelita se viste para encontrarse con el amor de su vida.

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Rojo. Rojo es el color que siempre ha estado presente en su vida y que la acompañará hasta el día que parta de este mundo. Un color que despertó un sentimiento inexplicable, que ha llenado de anécdotas sus días y le ha dado miles de amistades.

Un flechazo de amor. Labios, rojos. Dulzura. Coquetería. Pasión. Fútbol. Y rojo, más rojo.

Al estadio siempre llega sola, no le da pena pedir ayuda para subir y bajarse del bus que la lleva hasta ‘El Campín’. “Siempre he tenido mucha suerte y la gente siempre está muy dada a ayudarme”, dice la abuelita cardenal. Nunca hace fila, todos la dejan pasar. Dentro del estadio es la más querida, todo el mundo la saluda, «abuelita, abuelita», gritan los que están más lejos y otros le mandan besos.

Santa Fe la declaró hincha vitalicia y le aseguró su puesto en su tribuna favorita, oriental preferencial, un espacio tranquilo y familiar, donde se puede apreciar el ambiente del estadio, que permanece lleno de los cánticos de los hinchas, quienes siempre dejan su garganta allí; como dos de sus doce nietos, quienes comparten esta pasión con ella, al igual que su hijo mayor.

Su apartamento no es muy grande, pues vive sola. Hace ocho años es viuda y tiene cuatro hijos, quienes la suelen visitar constantemente. Aparentemente es un lugar normal, ubicado al norte de la ciudad, tiene cocina, baños, sala y alcobas, pero al llegar al ‘santuario’ -como ella lo llama- todo cambia.

Un cuarto que no tiene un espacio vacío, cada rincón está lleno de objetos de Santa Fe, ni siquiera el techo se salva, al tener afiches de los jugadores del equipo pegados. Para Arminda, el ‘santuario’ es el espacio más sagrado de la casa, es su más preciada colección, donde cada elemento tiene una historia por contar. Ella lleva alrededor de 20 años creando este museo.

Todo lo que usted se pueda imaginar: ahí está, el único requisito para ser parte del museo de la abuelita es que sea de su ‘santafecito’, de resto no hay peros. Portavasos, banderines, muñecos, botellas, encendedores, copas de cristal -de esas pequeñas para tomar aguardiente-, fotos, revistas, llaveros, gorras, portarretratos, manillas, aretes, alcancías, balones, trofeos, porcelanas, libros de historia de Santa Fe y otros en los que ella ha salido, por ejemplo, en ‘Volveremos, volveremos’ de Daniel Samper Ospina.

–Tengo de esos pocillos grandes, ¿cómo es que se llaman?… ahh, los ‘much’ –dice Arminda, refriéndose a los ‘mugs’. También hay vasos cerveceros y placas de reconocimiento por ser la mejor hincha cardenal.

El museo ‘santafereño’ inició de la mano de su hermana, cuando vivían en el sur de Bogotá, al mudarse la mayoría de los objetos ya estaban muy viejos, entonces la segunda versión del ‘santuario’ prácticamente empezó de ceros. De la inmensa colección de Arminda, son contadas las cosas que ella ha comprado, pues la mayoría han sido regalos de sus amigos, familiares, periodistas y de la misma institución.

Sus tesoros

Hay tres cosas que la abuelita cuida como un tesoro: un paquete de cigarrillos que tiene estampado el nombre Santa Fe, su esposo “alma bendita, dice Arminda” fue quien se los obsequió y ella nunca supo cómo ni dónde los consiguió. El segundo, es la camiseta con la que Santa Fe ganó la Copa Sudamericana en 2015, la cual está autografiada por todos los jugadores del momento, y lo que la termina de hacer tan especial, es que se la regaló Omar Pérez, uno de los mayores ídolos en toda la historia del equipo.

Por último, están los álbumes, nada mejor que revivir los momentos importantes con fotos. Algunas imágenes se las han regalado fotógrafos del equipo, unas son de los títulos de Santa Fe y otras son de ella compartiendo con los jugadores, varios son buenos amigos de ella.

¡Santa Fe, Santa Fe, Santa Fe! Es lo que miles de hinchas gritan con fervor cuando finaliza el himno de Bogotá durante los actos protocolarios. Ella brinca y grita tremendamente y con la gorra en la mano derecha, eleva su brazo hacia arriba “como lo hacía Gaitán en sus discursos”, dice la abuelita. Además, canta con mucho amor ese himno, incluso más que el de Colombia.

Las prendas, o mejor dicho el atuendo con el que la abuelita va al estadio permanece guardado en el armario del ‘santuario’, allí hay varias sudaderas del equipo, camisetas -así no las use-, bufandas y más afiches de Santa Fe, que están pegados tanto en la parte interna como externa de las puertas.

Quién diría que fue su novio Walter el que la llevó a crear este indestructible vínculo con Santa Fe. Él era conductor de los buses que trasladaban a los equipos de fuera de Bogotá y Colombia; en 1957, Botafogo, de Brasil vino a jugar contra Santa Fe, y Walter fue el encargado de recoger a los cariocas en el aeropuerto. Ese día los jugadores le regalaron entradas a Walter para el partido que se jugó en ‘El Campín’ y Arminda aceptó la invitación por saber qué era eso del fútbol y Santa Fe… el resto de la historia ya saben en qué terminó, a excepción de este dato: Botafogo se llevó la derrota a Río de Janeiro, y por eso, ese día fue perfecto.

La pasión por el club bogotano no ha parado de crecer desde ese día, cuando ella era una joven de 17 años, en cada visita al estadio se enamoraba más del equipo. Lugar al que tiempo después empezó a asistir sola, a veces iba con su novio. Más adelante, no solo bastaba con ir al ‘Campín’, Arminda Rojas y sus amigos armaban plan para ir a ver a Santa Fe jugar de visitante.

Sus problemas médicos

Un año después de que su esposo falleciera tuvo unos fuertes percances médicos. La operaron a corazón abierto a raíz de un infarto, lo que posteriormente le causó dos trombosis cerebrales. “Actualmente me siento bien de salud gracias a Dios, pero lastimosamente esos problemas me dejaron algunas secuelas. El año de la cirugía fue el único en el que dejé de ir al estadio” dice la abuelita cardenal.

Cuando regresó a su trono, en ‘El Campín’, no le importó ir en muletas por ver al equipo de sus amores lo vale todo.

–¡Para mí Santa Fe lo es todo! Mi vida, mis ganas de comer, de vivir. Yo vivo alrededor del fútbol, pero de mi santafecito, ¿no? –dice Arminda entre risas al final de la frase.

De joven tuvo muchos novios “yo fui muy coqueta”, pero el requisito número uno jamás cambió: ser ‘santafereño’. Su esposo, Luis Emilio Torres, fue su cómplice perfecto por casi 50 años y compañero de miles de aventuras que aún recuerda con frescura. Con él conoció la mayoría de estadios del país, pues la llegada de sus hijos no fue un impedimento para dejar de seguir al club. A sus 24 años, llegó Marta Constanza, su hija mayor. Mientras ella y Luis Emilio visitaban una ciudad diferente cada 15 días, su familia era la encargada de cuidar a los niños.

La primera palabra que Armida Rojas le enseñó a sus hijos no fue mamá, papá, ni tete, fue Santa Fe. Su ADN es totalmente cardenal y no hay vuelta de hoja. “Donde alguno me hubiera salido hincha de otro equipo, lo desheredo”.

–Le dijimos a los esposos que íbamos a darnos una vueltica, pero la verdad es que nos fuimos a ver con ‘El Chiqui’ García –dice la abuelita, contándome una de tantas historias que tiene con relación a Santa Fe.

Esto ocurrió en una de sus visitas a Cali, fue con su esposo Luis Emilio, una amiga y su esposo. La abuelita recibió una llamada, era ‘El Chiqui’ García –jugador de Santa Fe entre 1968 y 1973-, invitándolas a la concentración del equipo en el hotel Aristi; allá llegaron. “Charlamos lo más de sabroso y nos tomamos alguito. Yo era muy amiga de los jugadores”.

Cali es una de las ciudades con mejores anécdotas para Arminda. Se fue con Luis Emilio a ver a los ‘cardenales’ al Pascual Guerrero, se alojaron en el mismo hotel que los jugadores y se fueron en avión. Santa Fe perdió y recuerda que a la salida del estadio Yamid Amad, Jorge Alfredo Vargas y Pacheco no hacían más que maldecir. La idea era devolverse en avión, pero con todos los gastos, no les alcanzó y tocó en flota, la noticia que no esperaban era que había paro de flotas y para colmo de males, duró 15 días.

En la ‘sucursal del cielo’ casi se cae el cielo, llovió a más no poder. No tenían más plata para pagar hotel, entonces, unos amigos los acogieron en su casa, cuando llegaron tenían totalmente embarrados los zapatos y estaban empapados. “Todos estaban comiendo y se nos quedaron mirando, mi amiga se paró y nos sacó baldes con agua para lavarnos los zapatos”, dice la abuelita en medio de risas. “Todo sea por ‘santafecito’, al final lo que quedan son las historias”.

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La abuelita cardenal y los títulos

Santa Fe se fundó en 1941 y siete años después se convirtió en el primer campeón de Colombia. La abuelita cardenal ha estado presente en todos los títulos del cuadro bogotano, el único que no tiene muy presente es el primero. Entre los más importantes palmareses de Santa Fe hay nueve estrellas y un título internacional. Sin duda alguna los que mayor valor han tenido para ella son la sexta y la séptima estrella conseguidos en 1975 y 2012, respectivamente.

El ‘león’, como se conoce a Santa Fe, bordó su sexta estrella en Medellín. Arminda, por su puesto, ya tenía entre sus planes ir al estadio Atanasio Girardot, pero tuvo una discusión con Luis Emilio y decidió no ir, “me rebelé”.

Fue la primera en ir a recibirlos al aeropuerto, en esas se le rompió un tacón en el corre corre, mientras bajaba unas escaleras. Cuando por fin llegó al bus, la policía no la dejaba entrar ni acercarse a los jugadores, hasta que llegó su salvador. Germán ‘Basílico’ González, jugador del club, se bajó de bus, habló con los policías y dijo que ella era esposa de uno de los jugadores. La abuelita entró al bus sin problema y se fue a celebrar con ellos.

En especial con Alfonso Cañón, a quien considera su máximo ídolo y con quien comparte una gran amistad, tanto así que ella iba a ser madrina del hijo de él –Alfonso Cañón Jr-. Celebraron aquel título con la gente del barrio Samper. Sin embargo, su ídolo actual es el argentino, Omar Pérez, a quien admira por su gran entrega y amor por Santa Fe.

–En esa época sí jugaban de verdad por amor al fútbol y a la camiseta, no como ahora que juegan es por plata. Cómo nos cambia la vida, como dice el tango –dice Arminda, al preguntarle por qué Alfonso Cañón es su ídolo.

A ella no le gusta llevar sombrilla al estadio, “si va a llover que llueva, para eso me llevo mi capa”. Nunca le han importado las condiciones, lo único que ella necesita para ser feliz, es ver a su ‘santafecito lindo’ sea donde sea. Más o menos hasta los 50-55 años persiguió al ‘león’ por toda Colombia, pero eso no significa que no siga viajando tras el equipo.

Este año Santa Fe visitó a Patriotas en el estadio La Independencia de Tunja, y adivinen quién estuvo allá… “Siempre que puedo ir a un partido de visitante voy, pero ahora me da miedo porque hay mucho desorden. Voy desde que sea un ambiente tranquilo”. Cuando Santa Fe juega en el estadio de ‘Techo’ siempre va, además, entra gratis, al igual que en ‘El Campín’.

El título que más nostalgia le ha generado fue el del 2012, pues Santa Fe no había quedado campeón hace 37 años, y revivir la victoria después de tantos años, le trajo una alegría inmensa. Gritó y brincó como nunca, pero también lloró. Las lágrimas no solo fueron de felicidad. Luis Emilio había fallecido hace seis meses, “fue muy triste porque no pudo celebrar el título con nosotros, pero bueno, él lo vio desde arriba y nos ayudó a ganar”, dice la abuelita con un tono algo melancólico, pero al mismo tiempo se siente la dicha que vivió ese día.

A sus 80 años

Arminda, se prepara sus comidas, dice que no le da pereza cocinar para ella sola. En las noches deja el televisor prendido. Vive en una tranquilidad absoluta porque nadie la molesta y ella no molesta a nadie. Durante la cuarentena, una de sus hijas le dijo que fuera a quedarse a su casa, pero “no hay como la cama de uno”. Los días de aislamiento se le han hecho difíciles sin ver a su ‘santafecito’. Solo le pidió a sus hijos un mercado que le dure para no tener que salir.

–Que el señor me de salud y el resto llega por añadidura – dice la abuelita cardenal.

Arminda Rojas es una mujer fascinante, divertida, carismática y que, sin lugar a dudas, encanta a cualquiera con todas sus historias, sin importar si es o no de Santa Fe, gústele o no el fútbol. La abuelita cardenal, convirtió su pasión en un estilo de vida, una tradición familiar y una razón para vivir. Ella dice que Santa Fe le ha dado las mejores alegrías de su vida.

Para muchos, ella es una institución y se siente orgullosa de ello. Es una mujer para admirar, su optimismo y buena energía son interminables y su inspiradora forma de ser, es un llamado a disfrutar la vida valorando cada momento por sencillo que sea.

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